El despoblamiento del rural que se inició a finales del siglo XIX en España favoreció la aparición de “pueblos fantasma” que vuelven a despertar tímidamente el interés de los jóvenes
Vuelta al rural
La despoblación rural que padecieron las zonas de interior españolas a principios del siglo XX empezó a fraguarse en pleno siglo XIX, con la búsqueda de nuevas posibilidades de trabajo y mejor calidad de vida en las ciudades. Sin embargo, las circunstancias actuales hacen que muchos trabajadores, especialmente jóvenes, se planteen una vuelta al rural como un medio para reciclarse profesionalmente y vivir a bajo coste al tiempo que se disfruta de la vida en plena naturaleza. Los “neorrurales” se caracterizan por contar con una alta preparación académica y por situarse en la treintena. En plena recesión, el mercado inmobiliario se esfuerza por encontrar nuevas ofertas atractivas a los posibles compradores. La alternativa de la rebaja de precio se hace efectiva, precisamente, en las zonas rurales, donde es posible adquirir casas o incluso pueblos enteros por el mismo importe que costaría comprar un piso en Madrid o Barcelona. A la hora de hacer frente a este tipo de adquisiciones, es importante tener en cuenta que no todas las propiedades se encuentran en condiciones óptimas para su habitabilidad. El coste de la reforma supera habitualmente al de la adquisición, aunque algunos de los compradores más jóvenes y habilidosos optan por hacerse cargo personalmente de las reformas menos complicadas. La región española más atractiva para los compradores que desean volver al rural es Galicia, donde cientos de municipios se encuentran al borde de la despoblación.
Cesiones municipales para repoblar
En el contexto de núcleos rurales muy pequeños, con poblaciones que en ocasiones no alcanzan la decena de habitantes, varios consistorios municipales se plantean la posibilidad de ceder terrenos o propiedades a familias dispuestas a mudarse a la localidad para repoblarla. Las provincias de Teruel, Huesca o Lugo son algunas de las más prolíficas en este tipo de políticas que suelen desbordar la oferta inicial a los pocos días de darse a conocer. Sin embargo, en caso de plantearse la compra de un pueblo entero, la legislación se complica. De entrada, existen varios espacios públicos que no son susceptibles de venta y que no se pueden adquirir legalmente. Sin embargo, este tipo de ofertas presentan un interés comercial muy alto. Los potenciales compradores proliferan, y es que se trata de adquisiciones a precios generalmente muy asequibles. Pero, aunque se disponga del capital necesario, pocos son los interesados que se deciden a dar el paso final. Lo más costoso de tener un pueblo propio es la rehabilitación, que puede encarecer considerablemente el precio real de la compra. Por lo general, los compradores de estos complejos son promotores inmobiliarios que planean revender los inmuebles una vez rehabilitados o particulares que buscan establecer un nuevo modelo de negocio.
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